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Exposiciones: Jaime Pitarch "Una exposición de pintura"

Jaime Pitarch "Una exposición de pintura"

Sábado, 2/Febrero/2019
Sábado, 23/Marzo/2019

Artistas

Jaime Pitarch Curriculum




QUI CUSTODIET IPSOS CUSTODES – Una exposición de pintura

 

Este pueblo está lleno de ecos.Tal parece que estuvieran encerrados en el hueco de las paredes o debajo de las piedras.

Juan Rulfo. Pedro Páramo.

La totalidad del contenido de una lata de pintura se vacía en un contenedor hermético con el propósito de preservarlo para su futuro uso.
Desde ese momento la superficie exterior de la lata será pintada diariamente utilizando la pintura que a tal fin se guardó en el recipiente hermético.
Esta acción se llevará a cabo hasta que la pintura del recipiente se termine, habiendo pasado a convertirse en el “envoltorio” de la lata, ahora vacía. Tal proceso puede tomar entre uno y cuatro años dependiendo del tipo de pintura empleada.

 

Durante los últimos siete años de mi vida he dedicado una parte significativa de mi tiempo a realizar estos trabajos. Se trata de pinturas realizadas sobre el propio contenedor que antes albergaba una pintura que ahora se hace visible.
Si se me permite, el hecho no es menor. En realidad, se trata de pintar sobre el vacío. Un acto repetido en el tiempo, día tras día, sin importar cuanto puedan cambiar los factores externos (o internos) que inciden en el devenir de la realidad inmediata.
Pintar sobre el vacío repitiendo cada día el mismo gesto puede ser un ejercicio carente de significado o por el contrario, esta vacuidad puede abarcar la totalidad  de las cosas.
Heráclito decía que nadie se bañaba en el río dos veces porque todo cambiaba en el rio y en quien se bañaba. Y Lao Tse afirma en el Dàodé jïng “La nada penetra donde no hay resquicio” o “Disminuyendo cada vez se llega a la no-acción. Por la no-acción nada se deja sin hacer". Realmente, y en relación a Heráclito, al pintar el exterior de la lata se hacen prácticamente imperceptibles las diferencias entre la nueva capa y la del día anterior. Ni aquel que la contempla ni el objeto en cuestión parecen cambiar, sin embargo, ni uno ni otro son el mismo. Mi condición de autor de estos trabajos, por ejemplo, ha perdido relevancia ante mis ojos para devenir en una de espectador privilegiado de los mismos. Igualmente, el paso del tiempo ha ido alterando la morfología inicial de estas latas. Sus contornos comenzaron a flaquear, a hacerse indefinidos, consistentes en una nueva materialidad e inconsistentes en la claridad de sus líneas.

Si uno mira los cuadros que Giorgio Morandi pintó desde 1916 hasta el final de su vida se percata de como sus pinturas se hacen más y más verdaderas, no en un sentido de la mímesis o en un sentido técnico, sino en el sentido de desvelar la realidad (el Aletheia que Heidegger redimensiona). 

He sentido planear su sombra, al observar como estas pinturas ejecutadas sobre el vacío iban también desfigurando su contorno, revelando la temporalidad en la que están inscritas y su propia materialidad, respetando a su vez la singularidad del elemento lata de pinturaal no añadir ni sustraer nada. Porque añadir, está claro que nada ha sido añadido. Tan sólo hubo un cambio en el orden constitutivo del objeto primordial. Y posiblemente, la única sustracción habida ha sido aquella que impone el silencio sobre el ruido de la existencia inauténtica. Un ejemplo: la ejecución de estas pinturas ha coincidido en el tiempo con toda la cuestión del procés en Catalunya, el lugar del que provengo. Ante un estado de las cosas que se despliega y retroalimenta imponiendo un mar de fondo lleno de acusaciones cruzadas, una colonización, una banalización y una crispación del lenguaje, el acto reiterado de pintar capa sobre capa hasta devolverle a la lata su contenido original ha sido una forma de el “replegamiento” o avance hacia el centro de uno mismo, de introspección y resistencia.  El silencio no como reducto sino como acto responsable constructivo. Lanada que penetra donde no hay resquicio.

En este sentido, insistir capa a capa es reafirmarse en la no-acción y en la nada, porque el vacío se puede reafirmar (o uno puede reafirmarse en el vacío), pero no es un valor incrementable: de por sí, es absoluto. Por lo tanto, si la nada no se puede incrementar, no hay acción. Se trata, pues, de una aproximación. Se pinta por aproximación. 

Una y otra vez lo mismo y nada por igual. 

Del mismo modo ha habido una conciencia, una voluntad de situarse muy lejosde la grandilocuencia o lo espectacular, cualidades que le han sido muy propias a la pintura durante gran parte de su historia. Y muy lejos de la palabrao el discurso, andamiaje de la obra propuesta que con frecuencia la substituye. Lo que yo les propongo está en el objeto, no fuera de él. Y al mismo tiempo el objeto está vacío.
Por lo tanto, este vacío reafirmado en cada capa de pintura aduce también a una cierta condición crítica o criticable en La Pintura.
¿Es el vacío de la lata penetrado por la nada?, ¿O es la nada del vacío la que penetra el mundo?  Son ambas cosas, creo. Al fin y al cabo, al convivir con un proyecto en el que la acción llevada a cabo, tan precisa y limitada se dilata tanto en el tiempo hace que el gesto repetido se dote de nuevas significaciones según el momento, dejando de ser siempre el mismo gesto. Y así, este gesto permite al objeto de la acción seren el sentido más existencial de la palabra.

En los últimos años se ha hablado y se han hecho exposiciones bajo el término de pintura expandidaLa pintura tomaba nuevas formas u ocupaba nuevos territorios.Según mi concepción de la misma, la pintura es una especie de viaje de la materia sobre la superficie (también la imaginada) y en este caso mi voluntad, al contrario de expandirse (metafórica y físicamente) era la de llevar a cabo un movimiento de contracción. Hacer el viaje más corto (del interior al exterior de la lata) pero dotado de la máxima significación posible (el vacío que todo lo abarca, como metáfora de esta condición crítica de la pintura, como estado necesario para el ser y prerrequisito de la acción creativa ). 

Llegado este punto, uno desiste de añadir otras reflexiones que el tiempo de convivencia con estas obras ha posibilitado (¡siete años dan para mucho!) y  que pueden  provocar otras en el espectador. Podría hablarles del absurdo, de la laboriosidad o del trabajo; o de como la idea de productividad ha ido impidiéndonos una formas de experimentación del tiempo más contemplativas. Sin embargo, estaría revistiendo a estas pinturas de ese andamiaje que pretendo eludir.

 

Estas latas son.  
Y nada más.


Jaime Pitarch
Enero 2019 



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