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Raúl Silva "Naturalización técnica. Tecnificación natural"


Desde hace un tiempo, he estado revisando la manera en la que se han representado las telecomunicaciones durante la segunda mitad del siglo XX en el Estado español. Este interés se originó por una idea que me pareció inquietante cuando la atendí desde cierto extrañamiento: que existe un cableado de fibra óptica que mantiene conectada nuestra percepción y nuestras conciencias casi de forma permanente y contínua. Este cableado nos permite ver y oír casi desde cualquier lugar, y constituye una red global que canaliza nuestras voluntades individuales y colectivas. Sin embargo, hoy, las imágenes más dominantes de su difusión tienden a suprimir su materialidad. No representan su aparataje complejo y frágil que recorre muros, subsuelos y océanos, sino un cielo azul nítido, un rostro sonriente mirando al horizonte o haces de luz viajando por el cielo, conectando nuestros dispositivos en una red interactiva casi como una manifestación mágica. ¿Cuándo se naturalizó esta experiencia y se dió la espalda a la infraestructura y la imaginación técnica que la sostiene?. Los elementos que están en esta exposición exploran archivos y materiales que rodean esta pregunta.


Qué pasa

En 1967, Cuando el sistema de cableado se sostenía principalmente por cobre, se publicó el primer número de la Revista QP de la CTNE, un proyecto editorial que estaba dirigido a los empleados de la empresa y que había asimilado las tendencias estéticas del diseño editorial de su tiempo; algo atípico para un formato corporativo. Entrevistas a trabajadores de la empresa, sección cultural y divulgación centrada en el desarrollo de las telecomunicaciones, compartían espacio en un objeto impreso. La revista no estaba exenta de un tono ideologizante, ilustraba el crecimiento de edificios, personal y abonados con creatividad, además de tener activa presencia de escritores falangistas en sus páginas. Revisando sus números posteriores, veo cómo la revista fue cambiando en el tiempo, correspondiendo a los cambios tecnológicos de imprenta que hacia la década del 80 ya permitían páginas satinadas, brillos, degradados intensos. Los números de sus últimos años ya tenían mejor asentada la estética corporativa y publicitaria. Veo el tomo de marzo de 1985, nueve páginas dedicadas a la llegada de un nuevo soporte de transmisión: la fibra óptica. Más adelante, tres páginas dedicadas a las ruinas de Petra, en el desierto jordano, con fotografías con cielos azules muy intensos. En otro tomo de 1985, han entrevistado a Luis Miguel, “¿Cuántos teléfonos tienes?”. “Tengo veinte”, responde en una de las primeras preguntas. Luego un artículo de Integración de las redes privadas de Telefónica en IBERPAC X-25. Luego un especial dedicado a Dalí. La revista conseguía hablar del mundo técnico de las comunicaciones y lo atravesaba con el ocio y el entretenimiento.

No puedo evitar pensar que en su trabajo de edición hay una especie de conspiración: ensayar un terreno para la nueva visualidad que llegaría posteriormente para convencernos, aunque sea por asociación, de que la imaginación tecnológica de las telecomunicaciones es parte de nuestra cotidianeidad más banal. Estoy intentando ver esto como si quisieran imprimir la imagen del mundo técnico en nuestro inconsciente colectivo para, luego, desaparecerlo por completo.

Monedas

En 1974, con motivo del cincuentenario de la CTNE, se produjeron 10 medallas de bronce con relieves intrigantes, casi retrofuturistas, de cables subterráneos, buques cableros, ríos y océanos, como si la tecnología empleada tuviera más de ancestral que de actual. Como si hubiese sido parte de nuestra historia, la pátina desgastada del metal parece intentar construir una representación trascendental de nuestra interconectividad contemporánea. Estas imágenes me reafirman en la misma idea, para desaparecer la infraestructura y el trabajo hay que construir una ficción visual que la sustituya.


Illescas

A fines del 2025, fui a visitar a un colega a las afueras de Madrid en Illescas, el es presidente sindical de trabajadores reparadores de fibra óptica de la zona y técnico reparador. Me muestra los alrededores. Hay varios centros logísticos de Amazon, Dia, Zara... Illescas parece el lugar ideal para la implementación de estas grandes naves. Primero, por su proximidad con el centro y después por el bajo costo de su suelo en comparación con el de la ciudad. Visitamos su casa, rodeada de árboles y vegetación. Me habla de su trabajo e instala simultáneamente un cable que conectará su casa a la red de cableado general. La escena, muy informal, se me presenta como opuesta al imaginario ideal y corporativo de la expansión de cableado. La máquina fusionadora para realizar los empalmes de fibra óptica está desgastada por el uso. La imagen total es curiosa aunque típica estos días, naturaleza y red de fibra conviviendo en un mismo espacio. Quizás llama más la atención cuando no estás rodeado de concreto.

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Esta exposición propone un ensayo simbólico a partir de los elementos mencionados. Más que una ocultación deliberada de la infraestructura, lo que emerge es una forma de representación en la que la experiencia de la comunicación se separa de las condiciones materiales que la hacen posible. En ese desplazamiento, el trabajo técnico (sus tiempos, sus gestos, su precariedad), pierde visibilidad, mientras la comunicación se presenta como una experiencia fluida. Esta exposición busca atender aquello que queda fuera de imagen.