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Jonathan Hammer "The Cave of the Cyclops"


La Cueva de los Cíclopes
 

En 2020 se reavivó una antigua polémica cuando un médico de Jerusalén utilizó el atlas anatómico Pernkopf como guía quirúrgica. Estos diagramas médicos, considerados los mejores y más precisos, son hermosos por derecho propio. Sin embargo, Pernkopf y su equipo eran otro ejemplo de los horrores del nazismo: los dibujos eran el resultado de la disección de presos judíos. Las dos gigantescas obras sobre papel tituladas «The Wrathful Hand of…» («La Mano iracunda de…") cuestionan e investigan cómo una imagen puede, en efecto, poseer una vida alternativa e invisible escondida en ella. Utilizando dos dibujos de manos de Pernkopf como modelo, Hammer libera, por así decirlo, al monstruo oculto que acecha en el original. ¿Qué responsabilidad asume el artista y cuál es la vida independiente del dibujo una vez terminado?  ¿Qué papel sórdido o iluminado desempeña aquí la iracunda divinidad?.

"La Cueva de los Cíclopes" presentada en F2 Galería, junto con la exposición simultánea, "La Balsa de la Medusa" en La Caja Negra, invita a preguntarse sobre nuestra capacidad para destruirnos y devorarnos unos a otros. ¿Qué tienen en común los supervivientes de la Medusa con los habitantes de la famosa cueva, si no el gusto por la carne humana? El gran tríptico «Leftovers», una acumulación de partes del cuerpo y miembros, presenta los restos de malvados festines y sacrificios, al tiempo que ofrece una colección de exvotos. El horror y la desesperación tienen su reverso en la esperanza y la salvación: por eso esta  "pintura" realizada  con encáustica hace referencia a los objetos de cera consagrados. En su presente investigación sobre la noción de "pintura de historia", Hammer reinvierte y saca a relucir historias y creencias individuales.

En el centro de la exposición, la instalación de cerámica homónima presenta la gruta de los cíclopes, erizada, hostil y resplandeciente, dominada por el gigante conjurado a partir de la madera flotante del naufragio. La escultura, dominada  por el monstruo, atestigua y abarca los restos de una civilización, pero ¿de cuál? Aun así, la esperanza prevalece en las obras más pequeñas pero igualmente significativas de la exposición: «Dánae», una flor teosófica enferma e inestable, recoge la lluvia dorada que dará a luz a Perseo, vencedor de la Medusa que asoma su cabeza de tentáculos de pulpo en los dibujos «The Wrathful Hand of... », como sucedáneo y autorretrato del judío de rizos que es habitual  en la iconografía de Hammer. Del mismo modo, la decadencia y la regeneración se plasman en la submarina  «Swell».

El collage de pieles: «O it is I, I come with my clam rake» («O soy yo, vengo con mi rastrillo de almejas»- un verso de Walt Whitman), junto con el grupo formado en torno a «Aspirational Clam Man in Tidal Pan», evocan la resistencia del individuo. Muestran a un humilde bivalvo inmóvil, pero  capaz de generar y usar  el extraordinario pie de la impulsión y la supervivencia. El de Hammer es un universo coherente que emplea un sistema constante de reinvención y transformación. Su poder reside en la capacidad de oscilar de un extremo a otro en un intento de abarcar la mayor cantidad de temas. Se mueve entre las técnicas, abrazando escultura, cerámica, obras sobre papel, lienzo, encáustica o piel. Quizá, lo que la exposición presenta con más fuerza es la fluidez de formas que permiten al artista cruzar fronteras entre técnicas, al servicio de una visión central y unificada, que cuestiona los límites de nuestra condición, todos ellos ocultos. Hammer se encuentra con el Cíclope en la tradición de Ulises, como un mago emigrante.